Solitario no necesariamente es algo malo.
La particularidad de mis confesiones se manifiestan en movimientos semicirculares dentro del abismo de mi horizonte, plenamente cálido y a veces tan frio que el humo es el fantasma que acompaña mi respiración.
Reinventarse es uno de mis verbos favoritos, poder usar la prisma de la imaginación para cambiar y transformar los colores como más me gustan, descubrir en mi la divina sensación de libertad, sentir la música con la punta de los dedos y dejar que los amantes fluyan como la brisa que me despeina. Usar los zapatos para el asfalto caliente y el pie desvestido para sentir la tierra renaciendo, un secreto enterrado en la montaña, un renacer en el mar, una palabra en la arena, una imagen en las nubes y un pecho testigo de mis travesuras.
El vestido coqueto que se levanta con las volteretas de la vida, soy la premisa e historia de mis días llenos de confitadas melodías, soy caminante silente y la aventura está en cada segundo que respiro. El camino me llama y yo bailaré las veredas de sus antojos.